Hubo un momento en mi vida en que alguien me habló de la teoría de la silla… y desde entonces ya no volví a ver mis familiares de la misma forma.
La idea es sencilla, pero dice mucho:
Cada persona tiene una mesa en su vida.
Quienes realmente te valoran,
cuando te ven llegar,
sin decir nada te acercan una silla.
Te hacen espacio.
Te incluyen.
Tu presencia es bienvenida y natural.
Pero también existen otras mesas…
En las que te dejan de pie.
En las que parece que estorbas.
En las que sientes que tienes que ganarte el derecho a estar.
Y ahí entendí algo importante:
Si tienes que pedir tu lugar una y otra vez,
si tienes que hacerte pequeño para encajar,
si tienes que esperar a que noten que existes…
no es que tú estés mal.
Simplemente estás en la mesa equivocada.
No luches por sentarte donde apenas te toleran.
No insistas en lugares donde tu presencia incomoda.
Ve donde te reciban con gusto,
donde te hagan espacio sin que lo pidas,
donde tu compañía se sienta valiosa.
Porque tu silla sí existe.
Solo necesitas encontrar la mesa correcta.

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