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viernes, 5 de diciembre de 2014

La Parte mas Importante del Cuerpo


Desde que era pequeño, recuerdo que mi madre solía hacerme una pregunta de vez en cuando, y no puedo olvidar los años en los que esto se repitió vez tras vez, pues parece que yo nunca encontraba la respuesta correcta. 

¿La pregunta? Pues mi madre quería que le dijera qué parte del cuerpo era la más importante…
Y tardé años en encontrar la contestación más adecuada. 

Cuando era más joven, pensaba que el sonido era muy importante para nosotros, por eso una de las primeras respuestas que di a mi madre fue:
 “Mis oídos, Mamá”. Ella dijo:
 “No, muchas personas son sordas y se las arreglan de un modo u otro para hacer cuanto necesitan. Pero sigue pensando, que te preguntaré de nuevo en otra ocasión”. 

Pasaron varios meses antes de que lo hiciera de nuevo.
 Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta, de modo que cuando por fin me preguntó, yo le dije sin dudar: “Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos”.
Ella, me miró y me dijo: “Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aun sin poder ver”. 

Continué pensando cual sería la solución acertada, para estar preparado cuando llegara el próximo examen. Y a través de los años, mi madre me preguntó algunas veces más, y yo siempre tenía pensada la que creía que sería la mejor opción. Probé a decir que la parte más importante del cuerpo era el corazón, los pulmones, la boca, el cerebro… Pero para mi sorpresa, en todos los intentos su respuesta siempre era la misma, y me decía:
 “No cariño, no es esa, pero estás poniéndote más inteligente con los años; pronto acertarás”…


El año pasado mi abuelo (el padre de mi madre) murió. Estábamos muy dolidos y apenados. Lloramos todos, incluso mi padre, que no solía hacerlo demasiadas veces. En esos momentos de desgarro y pérdida, mi querida madre me miraba con los ojos llorosos, como queriendo decirme algo, pero no lo hacía. 

Al final de la ceremonia del entierro, llegó el momento de dar el adiós definitivo al abuelo, y justo en ese trágico momento, mi madre se tornó hacia a mí y me preguntó de nuevo:
“¿No sabes todavía cual es la parte más importante del cuerpo, hijo?”. 

Lo cierto es que cuando me preguntó justo en ese momento, me inquieté mucho. Yo siempre había creído que esa pregunta era una especie de broma, como un juego que entre nosotros, y que no tenía ni final ni importancia alguna.
 Pero ella notó al instante mi confusión, al mirarme a los ojos, por lo que no tardó en decirme:
“Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y siempre te dije por qué.
Pero hoy es el día en que necesitas saberlo”. 

Ella me miraba como solo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas contenidas, y solo pude hacer una cosa: Fundirme en un abrazo interminable con ella. 

Fue entonces cuando, apoyada en mi y entre sollozos, me dijo:
 “Hijito, la parte más importante del cuerpo es tu hombro”… 

Me quedé pensativo por unos instantes, porque no entendía lo que me decía, de modo que le pregunté:
“¿Por qué mamá? ¿Acaso porque ayuda a sostener mi cabeza?”. Ella respondió:
“No cariño, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora, como estás haciendo ahora mismo conmigo. Todos necesitamos un hombro para llorar sobre él en momentos difíciles de la vida. Yo solo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo”. 

Seamos personas capaces de prestar nuestro hombro a otros, lloremos con los que lloran, seamos aptos para estar al lado de nuestro prójimo en los momentos difíciles, y dejemos que esa sea una manera en la que manifestemos a otros algo importante.

¿Estaremos disponibles para prestar nuestro hombro a otros?

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuando la adversidad llama a tu puerta

Había una vez una hija que a menudo se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles
No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. 


Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. 

Las dejó hervir sin decir palabra. 

La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó la zanahorias y las puso en un tazón. Sacó los huevos y los puso en otro tazón. Sacó el café y lo puso en un tercer tazón. 

Mirando a su hija le dijo: "Querida ¿qué ves?” 

"Zanahorias huevos y café"- fue su respuesta. 

Entonces la hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. 

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera... Luego de sacarle la cáscara observó que estaba duro. 

Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. 

Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" 

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. 

La zanahoria llegó al agua, fuerte, dura... pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. 

El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido... 

Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. 

"¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. Cuando la adversidad llama a tu puerta ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"

¿Y Cómo Eres Tú? 

¿Eres una zanahoria, Que parece fuerte, Pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan,te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? 

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? 

¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido?
¿Por fuera te ves igual, pero eres amargado y áspero,con un espíritu y un corazón endurecido?... 

¿O eres como un grano de café

El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. 
El café, había sido especial; después de estar en agua hirviendo, no sólo había cambiado él, sino que había CAMBIADO EL AGUA; se había fundido en su nuevo medio, había aceptado la adversidad, y había dotado al agua de un olor y un sabor distinto, muy agradable y muy especial.

¡Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tu reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren!


¿Cual eres tú?.
Cuando la adversidad llama a tu puerta, 
¿cómo respondes?

jueves, 25 de septiembre de 2014

Pobreza del alma y sequedad del corazón




"El siglo XX ha estado marcado por el consumo, el ser humano entendió "éxito" como "tener", "eres lo que tienes".
Hoy, ya en otro siglo, el hombre se siente vacío y busca nuevas sensaciones constantes, pero no se trata de eso, se trata de reencontrarse con el sentir "volver a ser ", renacer como "Ser Humano".



"En los países occidentales nadie muere de hambre y ni siquiera abundan los pobres como en la India.

 Pero existe otra clase de pobreza,
 la del espíritu, que es mucho peor. 
La gente está insatisfecha con lo que tiene,
 les aterra el sufrimiento y eso les lleva a la desesperación.
 Es una pobreza del alma
una sequedad del corazón que resulta mucho más difícil de remediar..."

Y es una pobreza que cada uno puede intentar remediar.
ya que el hambre no es sólo de pan. 
Es mucho peor el hambre de amor. 

Madre Teresa de Calcuta.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Carta de un ser querido desde el cielo.




Quiero decirte entre las estrellas más hermosas, entre las nubes, que estoy bien, aquí solo hay paz, amor y perdón..

No te pongas triste por mi ausencia, no me he ido de tu lado, simplemente que ahora no me puedes ver como antes, ni puedes oír mi voz, pero estoy contigo a toda hora, en cada latido de tu corazón, en cada lágrima que derramas por mí.

¿Sabes? Te las he secado con mis manos y con mis besos pero no te das cuenta, el dolor y el no aceptar que no estoy físicamente, no deja que me veas...
Sabes bien que ésta es la ley de la vida..
No culpes a nadie. No te sientas culpable por nada, si no me diste un abrazo cuando tuviste tiempo, si no me dijiste cuánto me amabas, olvídalo, tu dolor lo dice todo; anda piensa que estoy bien, sonríe cuando te acuerdes de mí.

Recuerda los mejores momentos que compartimos, las veces que reímos juntas... No recuerdes cómo fue mi partida , eso te hace mucho daño, desangra tu alma y tu corazón.
No te tortures más.

Cuando te sientas sola, alza tu mirada al cielo...
no importa si es de día, me verás en la nube que esté más cerca, y si es de noche, simplemente busca la estrella más grande, la que brille más... Ahí estaré viéndote, y mi titilar te responderá.
Acuérdate que no fue un adiós que nos dijimos, fue simplemente un hasta luego.
 Quizás sea pronto nuestro reencuentro, quizás pasen muchos años para volvernos a encontrar, pero si te aseguro que ese reencuentro entre nosotras es lo único que tenemos seguro.

No me llores más que eso me pone muy triste y aquí en este lugar no aceptan las tristezas.
No me mojes mis alas con tus lágrimas, muchas veces me impides despegarme de la tierra al lugar donde realmente pertenezco.
 Nadie puede decirle a Dios,
¿Por qué se fue tan pronto ?
 Nadie puede reprochar a Dios por enviar a un ángel a buscarme.
Cuando te agobien estos pensamientos, tan solo di: Señor que se haga tu Santa voluntad...
Tú me la diste y a ti pertenece, te aseguro que estas palabras te darán consuelo...
Bueno me despido.
Hoy hay fiesta en el cielo porque muchos vienen a encontrarse con sus seres amados y quiero estar presente para saber la alegría que se siente cuando uno abraza a alguien que dejó en la tierra.
Recuerda que te amo mucho y que siempre estaré a tu lado hasta que te vengas sin equipaje,
porque aquí sólo se trae lo que siembres en la tierra y marcan las huellas que dejaste...


martes, 2 de septiembre de 2014

Una buena historia de amor para reflexionar sobre ello...



"Él tiene ochenta años e insiste en desayunar con su esposa,
Y cuando le pregunté,
 ¿Por qué su esposa está en residencia de mayores?, él respondió, porque tiene alzheimer 
(pérdida de la memoria). 
Entonces le pregunté, 
"¿Se preocupará su esposa si tardas en venir a desayunar con ella?" 
y respondió 
"Ella ya no se acuerda… 
ya no sabe quien soy yo, 
desde hace cinco años que ya no me reconoce."

Yo sorprendido,
le dije:
 "¡qué bien! 
y aún así sigues desayunando con ella cada mañana a pesar de que ella no te reconoce."

El hombre sonrió, miro a mis ojos y me apretó la mano.
entonces me dijo:
 "Ella no sabe quien soy yo, pero yo sí sé quien es ella." 


miércoles, 27 de agosto de 2014

La sopa de piedras

La fábula de la sopa de piedra trata sobre la cooperación frente a la escasez.


Hubo una vez, hace muchos años, un país que acababa de pasar una guerra muy dura.


Como es sabido, las guerras traen consigo rencores, envidias, muchos problemas, muchos muertos, y mucha hambre.
La gente no puede sembrar, no hay harina, ni pan.
Cuando este país terminó la guerra, y estaba destrozado, llegó al pueblo un soldado agotado, harapiento y muerto de hambre.
Era muy alto y delgado.
Estaba tan hambriento, llegó a una casa, llamó a la puerta, y cuando salió la dueña le dijo:
Señora,
¿No tiene un pedazo de pan para este soldado que viene muerto de hambre de la guerra?
La mujer lo mira de arriba abajo y le dice:
Pero, ¿Estás loco?
¿No sabes que no hay pan, que no tenemos nada? ¿Cómo te atreves?

Pobre soldado. Prueba fortuna en una y otra casa, haciendo la misma petición, y recibiendo a cambio, peor respuesta y peor trato.
El soldado cas desfallecido, no se dio por vencido.
Cruzó el pueblo de punta a punta, y llegó al final, donde está el lavadero público.
Halló unas cuantas muchachas y les dijo:
Muchachas,
 ¿No han probado todavía el guiso de piedras que yo hago?
Las muchachas se rieron y se burlaron de él diciéndole,
 ¿Una sopa de piedras?
No hay dudas que estás loco, ja ja ja.
Pero había unos niños que miraban de lejos, ellos se acercaron al soldado, cuando este se marchaba decepcionado, y le dijeron:
Soldado,
¿te podemos ayudar?
Claro que si, necesito una muy olla grande, un puñado de piedras, agua y leña para hacer fuego.
Rápidamente los chicos fueron a buscar lo que el soldado les había pedido.
Enciende el fuego, pone la olla, la llena de agua, lava bien las piedras y las hecha en el agua, luego esperan hasta que el agua comienza a hervir.
Entonces los niños, impacientes, le dicen, ¿Podemos probar la sopa?,
 esperen, esperen, dice el soldado.
Acto seguido, el soldado prueba la sopa y dice:
¡Mmmm…..ahhh!
¡Qué buena que está, pero le falta un pizca de sal!
Enseguida un niño grita, ¡en casa hay! ¡espera que la traigo!
La trajo, y el soldado la echó en la olla.
Al poco tiempo, volvió a probar la sopa.
¡Mmmm…..que rica está!
Aunque en realidad le falta un poco de tomate.
Uno de los niños llamado Luis dijo, en casa hay,
 fue hasta su casa y trajo algunos tomates.
Acto seguido, el resto de los niños salieron para sus casas, volvieron al ratito, trayendo papas, un pedazo de carne cebollas, arroz, hasta un trozo de pollo.
Así, de a poco, se llenó la olla, y el soldado lo dejaba de revolver la olla y de tanto en tanto, probar la sopa.
¡Mmmm……. Qué buena que está, que rica!
Es el mejor guiso de piedras que he hecho en mi vida.
Vayan, vayan, avisen a la gente del pueblo que vengan, hay sopa para todos.
Díganle que traigan cubiertos y platos.
Repartió la sopa y alcanzó para todo el pueblo.
Ellos muy avergonzados, reconocieron, que si bien era verdad que no tenían pan, juntos podían tener comida para todos.
Y desde aquel día, gracias al soldado hambriento que les preparó el guiso de piedras aprendieron a compartir todo lo que tenían.

 “Más bienaventurado es dar que recibir”

En los momentos difíciles es donde se conoce la bondad del corazón.

Aún en los peores tiempos debe existir la bondad dentro de cada ser, para estar preparados para ayudar a los demás.

“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”.


Que diferente sería la vida de la iglesia, si hiciéramos las cosas como nos pide el Señor,
la comunión sería completamente diferente,
habría más cabezas para pensar, más corazones para sentir, más manos para servir, más herramientas que en las manos de Dios, pueden ser una gran bendición.

Con la cooperación se alcanzan resultados notables, aun cuando se parta de contribuciones pequeñas, o incluso insignificantes. Esta es la fuerza milagrosa que tiene el COMPARTIR. Cada uno podemos poner alguna de nuestras virtudes al servicio de los demás y el resultado puede ser espectacular.

Que diferente sería todo, si tan solo hiciéramos lo que tenemos que hacer.
Por lo menos podemos pensarlo,
 ¿Verdad?
 Dios les bendiga.


viernes, 22 de agosto de 2014

El billete de $500.00 PESOS



Un profesor enseña un billete de
 $500.00 PESOS 
y le dice a sus alumnos:

"¿A Quién le gustaría tener este billete? " 
todos los alumnos levantan la Mano.

Arruga el billete y le pregunta:
"Sigue queriéndolo? "
Las manos suben de nuevo.

Él lanza el billete arrugado en el suelo, salta encima y dice: 
"¿ Aun lo quieren? "

Los Alumnos levantan la mano.

Entonces les dijo:

"Amigos míos, ustedes han aprendido una lección muy importante, hoy:

Aunque he arrugado el billete, lo he pisoteado, lo he lanzado, quieren todavía el billete,
 porque su valor no ha cambiado,
 sigue con un valor de $500.00...


Muchas veces en la vida, te ofenden, personas te rechazan y los acontecimientos te sacuden. 
Sientes que ya no vales nada, 
pero TU VALOR no cambiará NUNCA para la gente que realmente te quiere.

 Incluso en los días en que estés en tu peor momento, 
¡TU VALOR SIGUE SIENDO EL MISMO!.

NO DUDES DE TU VALOR... 
Vales SIEMPRE igual o MÁS... 
NUNCA PERO NUNCA VALDRÁS MENOS.


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jueves, 31 de julio de 2014

¡Acuérdate de soltar el vaso!

A veces en la vida debemos afrontar preocupaciones pero siempre debemos intentar que nos afecten lo mínimo posible. 

 Adjunto un relato que nos hace recapacitar en nuestras preocupaciones, debemos afrontarlas, pero no por mucho pensar y atormentarnos vamos a conseguir solucionarlas, lee este relato y comprenderás que el vaso hay que soltarlo¡

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la pregunta:


 ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, ella preguntó ¿Cuánto pesa este vaso?

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

Pero la psicóloga respondió: “El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.

El peso del brazo no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado se vuelve. Y continuó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellos todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.”

¡Acuérdate de soltar el vaso!




¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?


Seguramente alguna vez has puesto mucho empeño en conseguir un objetivo y quizás te has dado cuenta que con el paso del tiempo estabas obteniendo peores resultados, pero debido a las prisas no te has parado a pensar que es lo que está pasando, cuales con son los motivos que hacen que tu rendimiento sea inferior, lo mejor es parar, analizar y buscar soluciones.

Espero les guste el siguiente relato:

"Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno, y las condiciones de trabajo, mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles.

–Te felicito, sigue así –dijo el capataz.

Animado por estas palabras, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente.

 Así que esa noche se acostó temprano.

A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.

–Debo de estar cansado –pensó. Y decidió acostarse con la puesta del sol.

Al amanecer se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.

Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

 El capataz le preguntó:

–¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?

–¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles”.

Reflexión:

  Cuándo has afilado tu hacha la ultima vez?

Te suena familiar la historia, el esfuerzo y el desfallecimiento de este leñador?. No te recuerda al vértigo, la cantidad de tareas que realizas cada día solamente para llegar a casa y darte cuenta que has dejado mas tareas sin hacer en tu agenda que las que tenias al ingresar en la empresa por la mañana?

Has detenido tu ritmo frenético aun que sea por unos minutos para evaluar y analizar qué estas haciendo y por qué?. Si estas trabajando con los elementos, herramientas o recursos adecuados?. O peor aun, los estas utilizando eficientemente o solo como siempre se los utilizó en la empresa?

Conozco infinidades de pequeñas y medianas empresas que tienen sus computadores solamente para hacer lo mismo que antes realizaban a mano o con su máquina de escribir desperdiciando así, muchas ventajas que tiene el recurso. Es tu caso?

Deberías pensar, reflexionar y te invito a ello, si realmente, mantienes tu hacha afilada o simplemente talas arboles solamente en base a tu esfuerzo físico. Si así lo haces, no te sorprendas al verte exhausto, decepcionado cuando levantas la vista y ves la cantidad de trabajo que tienes por delante. Replánteate qué es lo que haces, y porqué pero también, cómo lo haces. Te aseguro que al cabo de un tiempo, tu día laboral 

(al menos) habrá cambiado.

Permítete esa licencia. Seguro que para cada uno de nosotros afilar el hacha tiene un sentido diferente. 
Algunos pensaran en la formación,
 otros en el descanso, en cambiar la forma de actuar.

 Lo que si tenemos que tener claro es que cuando obtenemos resultados inferiores a los esperados debemos analizar y descubrir cual es el verdadero problema que hace que no podamos obtener nuestros objetivos.

El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.


Un gran Salto - Pocos se atreven a Darlo




Un millonario promueve una fiesta en una de sus mansiones; en determinado momento pide silencio, la música para, y dice, mirando hacia la piscina donde criaba cocodrilos australianos:

- El que logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis autos... ¿Alguien se atreve?

Espantados, los invitados permanecen en silencio y el millonario insiste:

- El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis autos y mis aviones... ¿Alguien se atreve?

El silencio impera, y una vez más, ofrece:

- El que se lance a la piscina, logre cruzarla y salir vivo al otro lado, ganará todos mis autos, mis aviones y mis mansiones...

En este momento, alguien salta a la piscina.

 La escena es impresionante... una lucha intensa, el hombre se defiende como puede, agarra la boca de los cocodrilos con pies y manos, tuerce la cola de los reptiles... DIOS MIO... Mucha violencia y emoción.
 ¡¡¡Parecía una película de COCODRILO DUNDE!!! 

Después de algunos minutos de terror y pánico, sale el valiente hombre, lleno de arañazos, hematomas y casi muerto. El millonario se aproxima, lo felicita y le pregunta:

- ¿Dónde quiere que le entregue los autos?

- Gracias pero no quiero sus autos...

Sorprendido, el millonario pregunta:

- ¿Y los aviones? ¿dónde quiere que se los entregue?

- Gracias, pero no quiero sus aviones...

Extrañado por la reacción del hombre, el millonario pregunta:

- ¿Y las mansiones?

- Yo tengo una bella casa, no necesito de las suyas. Puede quedarse con ellas... No quiero nada que sea suyo...

Impresionado, el millonario pregunta:

- Pero si ud. no quiere nada de lo ofrecido, 


¿qué quiere entonces?

Y el hombre le respondió muy irritado:

- ¡Encontrar al maldito que me empujó a la piscina!

Moraleja: 

Cuantas veces no reconocemos nuestra propia capacidad y requerimos de ese empujón. 

Nuestra vida transcurre entre logros y fracasos, y la autoestima es el valor que nos hace tener plena seguridad en nuestras capacidades, además, da la fortaleza necesaria para superar los momentos difíciles de nuestra vida, evitando caer en el pesimismo y el desánimo.

Igualmente sucede con tu proyectos, si no te atreves a dar el gran salto tal vez nunca te des cuenta de tus verdaderas capacidades, si crees que necesitas "un empujón" para dar el gran salto entonces busca al "maldito para que te empuje", pero sea como sea intenta lanzarte, veras como tus habilidades se activaran para "luchar contra los cocodrilos".

 Recuerden que rara vez sabemos de lo que somos capaces hasta que nos ponemos a ello.

Asamblea en la Carpintería

He encontrado este cuento de Mamerto Menapace que nos hace reflexionar sobre el trabajo en equipo y sobre todo nos deja claro que siempre tenemos que destacar, descubrir nuestras cualidades y dejar atrás lo que opinan de nosotros.


     No pensar en nuestros posibles defectos y creer en nuestro potencial. Cada persona llevamos internamente oculto unas cualidades que hacen que seamos únicos y que además si lo compartimos en equipo podemos llegar a ser verdaderamente increíbles.


       ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea.

Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar.

 ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido!

 Y, además, se pasaba el tiempo golpeando.


El martillo acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera para algo.




Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija.

Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.

En esto entro el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo.

Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente la tosca madera, se convirtió en un fino mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación.




Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo:
-"Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos.


 Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos ".


La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de su fortaleza y de trabajar juntos.

Ocurre lo mismo con los seres humanos. 


Observar y lo podéis comprobar.


Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando florecen los mejores logros humanos.

Es fácil encontrar defectos, cualquiera puede hacerlo. Pero encontrar cualidades, eso es para las personas superiores que son capaces de inspirar los éxitos humanos.

Tú puedes ser ese tipo de personas, encuentra cualidades en ti y en el equipo, destacar defectos no sirve para nada, aprovecha las cualidades y nada te podrá parar. 





El país de las cucharas largas

Un viajero se encontró un día ante un sinuoso desvío. Como era curioso, lo siguió. El camino terminaba en una sola casa enorme. 
En la puerta, un cartel anunciaba:

“País de las cucharas largas”

Esta comarca está integrada sólo por dos habitaciones

El hombre cruzó la entrada y avanzó por un pasillo. No había dado más que unos pocos pasos cuando escuchó, detrás de una puerta, un concierto de lamentos y quejidos. 
Por supuesto, se apresuró a entrar.

Sentadas alrededor de una mesa enorme, había cientos de personas. En el centro de la mesa estaban los manjares más exquisitos que cualquiera podía imaginar y aunque todos tenían una cuchara en la mano, se estaban muriendo de hambre. 
El motivo era que el mango de cada cuchara era mucho más largo que sus brazos y estaba fijado a la mano de cada comensal. 
De este modo, todos podían servirse, pero nadie podía llevarse la cuchara a la boca.

La situación era tan desesperante, y los gritos tan desgarradores, que el hombre salió del salón. 
Se encontró delante de otra puerta, en todo similar a la primera. Alentado porque no escuchaba ningún lamento, el viajero giró el picaporte y entró en el segundo cuarto.

Cientos de personas estaban sentadas frente a una mesa, colmada de alimentos. 
También cada persona tenía una larga cuchara fijada a la mano.

Pero nadie se quejaba ni se lamentaba. 
Nadie pasaba hambre, porque ¡se estaban dando de comer unos a otros! 


Reflexión: En ocasiones solo queremos pensar en solucionar nuestros problemas y tenemos que tener en cuenta que ayudando y compartiendo podemos encontrar soluciones que no se nos habían ocurrido. 


Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas. 



El Paquete de Galletas

Cuando aquella tarde llegó a la vieja estación le informaron que el tren en el que ella viajaría se retrasaría aproximadamente una hora. 
La elegante señora, un poco fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua para pasar el tiempo. 
Buscó un banco en el anden central y se sentó preparada para la espera. 
Mientras hojeaba su revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. Imprevistamente, la señora observó cómo aquel muchacho, sin decir una sola palabra, estiraba la mano, agarraba el paquete de galletas, lo abría y comenzaba a comerlas, una a una, despreocupadamente.


 La mujer se molestó por esto, no quería ser grosera, pero tampoco dejar pasar aquella situación o hacer como que nada estaba pasando.


Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete y sacó una galleta, la exhibió frente al joven y se la comió mirándolo fijamente a los ojos. 

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y mirándola la puso en su boca y sonrió. La señora ya enojada, tomó una nueva galleta y, con ostensibles señales de fastidio, volvió a comer otra, manteniendo de nuevo la mirada en el muchacho.


El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, la señora se dió cuenta de que en el paquete sólo quedaba la última galleta. 

"-No podrá ser tan descarado", pensó mientras miraba alternativamente al joven y al paquete de galletas. Con calma el joven alargó la mano, tomó la última galleta, y con mucha suavidad, la partió exactamente por la mitad. Así, con un gesto amoroso, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco. ¡Gracias! - dijo la mujer tomando con rudeza aquella mitad. De nada - contestó el joven sonriendo suavemente mientras comía su mitad.


Entonces el tren anunció su partida... 
La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla de su asiento vio al muchacho todavía sentado en el anden y pensó: "¡Que insolente, que mal educado, que ser de nuestro mundo!". Sin dejar de mirar con resentimiento al joven, sintió la boca reseca por el disgusto que aquella situación le había provocado. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó totalmente sorprendida cuando encontró, dentro de su cartera, su paquete de galletas intacto.

miércoles, 30 de julio de 2014

El televisor



Mientras oraba antes de acostarse, 

un niño pidió con devoción



"Señor, esta noche te pido algo especial: conviérteme en un televisor
Quisiera ocupar su lugar. 
Quisiera vivir lo que vive la tele de mi casa. 

Es decir, tener un cuarto especial para mí y reunir a todos los miembros de la familia a mí alrededor.


Ser tomado en serio cuando hablo. 

Convertirme en el centro de atención y ser aquel al que todos quieren escuchar sin interrumpirlo ni cuestionarlo. 
Quisiera sentir el cuidado especial que recibe la tele cuando algo no funciona.


"Y tener la compañía de mi papá cuando llega a casa, aunque este cansado del trabajo
Y que mi mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de ignorarme. 
Y que mis hermanos se peleen por estar conmigo.

"Y que pueda divertirlos a todos,
 aunque a veces no les diga nada. 
Quisiera vivir la sensación de que lo dejen todo por pasar unos momentos a mi lado".

"Señor, no te pido mucho. 
Sólo vivir lo que vive cualquier televisión".

Este relato nos hace reflexionar en como debemos invertir nuestro tiempo,
 hay cosas que nos absorben nuestro tiempo más de lo necesario y que no aportan nada, 
 cuidado en no dejar de lado lo que verdaderamente importa.




El Camello sabio



Una madre y un bebé camello estaban descansando en la sombra debajo de un árbol, y de repente el bebé camello le pregunta a su madre

- Mama, puedo preguntarte algunas cosas?

- Claro que sí hijo mío, hay algo que te preocupa? — le contesto la mama camello

Entonces el bebe camello le pregunto a su madre:

- Por qué los camellos tenemos joroba?

- Hijo mío, nosotros necesitamos la joroba para guardar agua y poder sobrevivir cuando no hay agua
Nosotros somos animales del desierto y en el desierto es muy difícil encontrar agua


— le contesto su madre


El bebe camello habiendo escuchado la respuesta le volvió a preguntar a su madre:

- ¿Mama, por qué son nuestras piernas largas y nuestros patas redondas?

- Hijo mío, con estas piernas nos podemos mover por el desierto mejor que nadie porque están adaptadas para andar por el desierto 
— le contesto su madre con orgullo.

El bebe camello volvió a lanzarle otra pregunta a su madre:

 …Y por qué son nuestras pestañas tan grandes? 

A veces esto molesta a mi vista y muchas veces no me deja ver bien las cosas.


La madre mirando orgullosa a su hijito le contesta:

- Hijo mío, las pestañas largas y gruesas son la tapa protectora de tus ojos y las tenemos así para que nos protejan de la arena del desierto y de los vientos fuertes que soplan en el desierto y que a veces se convierten en fuertes tormentas de arena.

El bebe después de haber escuchado las respuestas que le había dado su madre a todas sus inquietudes, le dice a su madre…

- ya entiendo, la joroba nos ayuda a poder tener agua almacenada para cuando estamos en el desierto ya que allí no hay agua debe almacenar el agua, 
las forma de nuestras piernas son para andar por el desierto con mayor facilidad y estas pestañas nos protegen los ojos de la arena y el viento del desierto

- Entonces qué demonios estamos haciendo aquí en el zoológico!



El día que me volví invisible



No sé ni en qué día estamos.
En esta casa no hay calendarios, y en mi memoria los días están hechos una maraña. 
Me acuerdo de esos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador...

Ya no hay nada de eso, todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. 
Y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta. 

Primero me cambiaron de cuarto, pues la familia creció. 
Después me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de una de mis biznietas. 
 Ahora ocupo el cuarto de los trebejos,
 el que está en el patio de atrás.

Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos. 

Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me he pasado semanas buscando una pluma, y cuando al fin la encontraba, yo misma volvía a olvidar en dónde la había puesto.

 A mis años, las cosas se pierden fácilmente, claro que es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque yo estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.

La otra tarde caí en la cuenta de que también mi voz ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos, no me contestan. Todos conversan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen. 

A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y que les van a servir de mucho mis consejos, pero no me oyen, no me miran, no me responden.
 Entonces, llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café.
 Lo hago así de repente, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta de que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan disculpas. 


Pero nadie viene. 
El otro día les dije que cuando muriera entonces sí que me iban a extrañar. 
El niño más pequeño dijo: 
“¿Ah... es que tú estás viva, abuela?”. 
 Les cayó tan en gracia que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró unos de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio. Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible. 

Me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme. Los niños corren a mi alrededor, de un lado al otro, sin tropezar conmigo. 

Cuando mi yerno se enfermó
tuve la oportunidad de serle útil: 
le llevé un té especial que yo misma preparé. 
Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara. 
Sólo que estaba viendo la televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. 
El té, poco a poco se fue enfriando.
 Mi corazón también. 

Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me puse muy contenta 
¡Hacía tantos años que no salía, y menos al campo! 
Entonces el sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar mis cosas así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. 

Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al coche. 
Yo ya estaba lista y, muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos.
 Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el coche o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a gusto por el bosque. 




Sentí clarito cómo mi corazón se encogió.
 La barbilla me temblaba como cuando uno ya no aguanta las ganas de llorar. 

Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años. 

Nadie me lo recuerda. 
Todos están tan ocupados. 
Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Yo ya no sé a qué saben los besos.
 Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que daba tenerlos en mis brazos como si fuesen míos. 
Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creía recordar... 
Pero un día mi nieta, que acababa de tener a su bebé, dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud.

Ya no me les acerqué más, no fuera ser que les pasara algo malo a causa de mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contrariarlos! 

Ojalá que el día de mañana, cuando ellos lleguen a viejos... 
Sigan teniendo esa unión entre ellos para que no sientan el frío ni los desaires. 
Que tengan la suficiente inteligencia para aceptar que sus vidas ya no cuentan, como me lo piden.
Y Dios quiera que no se conviertan en
 "viejos sentimentales que todavía quieren llamar la atención".
Y que sus hijos no los hagan sentir como bultos para que el día de mañana no tengan que morirse estando muertos desde antes... como yo.

¡Vamos a cuidar a nuestros mayores!


                      Autor: Silvia Castillejos Peral

¿Qué haces con tus problemas?



El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar mi vieja granja,
 acababa de finalizar su primer día de duro trabajo. 


Su cortadora eléctrica se había averiado, 
y le había hecho perder una hora de su trabajo, 
y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.


Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. 
Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.
Mientras nos dirigíamos a la puerta,
 se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. 
Su bronceada cara sonreía plenamente.
 Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el coche.

Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad, y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

- "Ese es mi árbol de los problemas", 
contestó. 
- "Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero hay algo que es seguro: 
los problemas no pertenecen ni a mi casa,
 ni a mi esposa, ni a mis hijos. 
Así que, simplemente,
 los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego. Después, por la mañana los recojo otra vez. 

Lo más divertido es que... 
cuando salgo a la mañana a recogerlos,
 ni remotamente encuentro tantos como los que recordaba haber dejado la noche anterior."



Reflexión:
Buen relato que nos hace pensar en que nuestros problemas deberían ser aparcados en un compartimento,
armario, percha, alfombra de la entrada, un cajón, un árbol, donde retomarlos cuando tengamos tranquilidad y estado de ánimo para poder resolverlos adecuadamente, 
seguro que cuando calmadamente.
 Nos enfrentamos a ellos en el lugar y momento adecuados no sólo podemos verlos de una manera distinta sino que podremos encontrar soluciones que en caliente y bloqueados no se nos habían ocurrido. 

Toma ejemplo y plantéate hacer lo mismo que en el relato, dejar los problemas colgados no para que crezcan sino todo lo contrario,
 tomate una pausa, 
 coge fuerzas para seguir adelante y mañana será otro día, disfruta y aprovecha los buenos momentos, recuerda que vida solo tenemos una.

El tener problemas, son una forma de ser mejor cada día. ¡Atrevete a enfrentarlos!



La unión hace la fuerza





Tres hermanos reñían a causa de las tareas que les había encargado su padre.

 El mayor estaba parado junto a la puerta del establo, agitando con enojo los brazos. 
El segundo, frente a él, blandía el puño en un acceso de ira.

 Y el tercero estaba recostado contra el pozo, con las manos metidas en los bolsillos y en el rostro un aire terco y malhumorado.


El granjero vio reñir a sus hijos y salió de la casa con tres pesados palos atados formando un haz.

-¡Hijos! -les gritó-.
 Si tenéis tiempo para hacer una pausa en vuestra reyerta, quiero que tratéis de romper estos palos.

Los tres hijos lo intentaron, sucesivamente, apoyando el centro del haz en las rodillas y haciendo presión, con las manos, por los extremos. Pero la madera era resistente y no quería romperse.

Entonces, el granjero desató la cuerda que unía los palos y, tendiendo un palo a cada uno de sus hijos, les dijo:
 -¡Ahora, intentadlo!

Desde luego, cada joven partió en dos su palo, fácilmente.

-Como veis, hijos míos, si sois como los palos separados, cualquiera podrá romperos
 -dijo el granjero-. 
Pero, unidos, seréis suficientemente fuertes para soportar cualquier infortunio, y vuestra tierra prosperará.

Cuando se trabaja en equipo y unidos se pueden llegar a objetivos increíbles.

Son tres las cosas que le diría a un equipo para ayudarlo a mantenerse unido:

 Cuando algo resulta mal: 
yo lo hice. 
Cuando algo resulta mas o menos bien: 
nosotros lo hicimos. 

Cuando algo resulta realmente bien: 
ustedes lo hicieron.

Cuando el trabajo de un gran líder concluye, 
la gente dice ¡lo hicimos!

Trabajar en equipo divide el trabajo y multiplica los resultados.


La despedida del padre pascual

Al Padre Pascual le estaban haciendo su cena de despedida por 25 años de trabajo en una Parroquia.
Un político miembro de la comunidad fue invitado para dar un breve discurso.
Como el político tardaba en llegar, 
el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo para llenar el tiempo.
"Mi primera impresión de la Parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. 
Pensé que me había enviado el Obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que había robado un televisor, dinero a sus padres, también en la empresa donde trabajaba, me confesó que en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas, 
Me quedé asombrado, asustadísimo...
Pero cuando transcurrió un tiempo, fui conociendo más y más gente y vi que no eran todos así, vi una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe
Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio".
Justamente en este momento llegó el político, por lo que se le dio la palabra...
Pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo:
‘Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el Padre Pascual a nuestra Parroquia
De hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él…’
Moraleja
¡¡¡Nunca llegues tarde……! !!